mayo 02, 2008

A todo señor, todo honor

Date: Fri, May 2, 2008 at 10:17 PM
Subject: Felicitaciones por su artículo
To: antanasmockus@visionariosporcolombia.com


Estimado profesor Mockus:

He sido admirador y crítico suyo. Ahora debo reconocer la coherencia, agudeza y valentía de la columna del viernes 2 de mayo titulada Yidis y el Presidente: Hora de renuncias. Su escrito, sin duda, es una contribución valiosa a la cura a que hay que someter al país para extraer el veneno cultural del paramilitarismo.

Un saludo

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Leonardo Villa

noviembre 14, 2007

Mario Alejandro Villa Arcila
abril 12 1960 - noviembre 9 2007



octubre 24, 2007

Un dilema sin ética (versión final)

El Profesor Antanas Mockus nos ha puesto a pensar otra vez, como suele hacerlo cuando interviene en la política nacional. Y ello no sólo por la profundidad de lo que dice, sino por lo paradójicas e incompletas que resultan sus construcciones acerca de la realidad del país.

En una evidente toma de partido, él, un experto fabricante de dilemas, construyó uno a la medida del candidato a la Alcaldía de Bogotá Samuel Moreno. De paso, sirvió un suculento platillo a los medios de comunicación, que no dudaron en magnificar en forma obtusa, el verdadero valor de las cuestiones levantadas por el ingenioso profesor. Las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por dos o tres plutócratas, aprovecharon para tratar de salvar a Peñalosa (léase, salvar grandes negocios). Me dio pena al ver a un académico de la respetabilidad de Mockus, convertido en comodín de una estrategia electoral.

Entiendo que lo que buscaba Antanas era poner a prueba la capacidad de Moreno para elaborar la relación entre medios y fines, en últimas, extraer la posición del candidato con respecto a la idea de que el fin justifica los medios, y ver qué significado le atribuía Samuel al derecho de los ciudadanos a elegir libremente. La respuesta sería evaluada con base en dos supuestos sustentados a medias por el Profesor Mockus: la falta de legitimidad de los medios le quita legitimidad a los fines; la principal amenaza para la libertad de elegir en Colombia es la compra de votos.

En primer lugar, ¿no es siempre, cualquier decisión pública, un sacrificio de algo? ¿No usó Mockus la teoría del mal menor durante su alcaldía? Por ejemplo, las privatizaciones ¿no fueron la elección de lo que él creía un mal menor? Porque Antanas no será tan ingenuo en materia de economía política como para creer, todavía, que la entrega de activos públicos a multinacionales extranjeras o a un pequeño grupo de privilegiados es un negocio gana-gana. En su momento, él eligió entre dos males: comprar concejales o entregar a la voracidad del capital privado un mercado cautivo de usuarios de servicios públicos.

En segundo lugar, la presentación por parte de Mockus de los problemas que rodean la libertad de elección en Colombia es pobre y cómoda. La libertad de elección está amenazada: por el político que compra votos; por los paramilitares que gozan aún hoy del control territorial de más del 40% del país con la protección del régimen; por las FARC que siguen siendo el principal obstáculo para las transformaciones radicales que requiere Colombia; por el candidato que a puerta cerrada en un club de Madrid, Nueva York o Bogotá le promete a una multinacional o a un grupo financiero la entrega ventajosa de mercados o activos nacionales en caso de ser elegido, a cambio de lo cual recibe apoyo financiero y tres meses continuos de promoción descarada en los medios de comunicación controlados por ellos. Parece ser un problema de estética y no de ética: es más grave comprar un voto con lechona que empeñar el interés colectivo de la ciudad en los glamorosos salones del Country Club, para ganar la simpatía de alguno de los grupos que se reparten hoy la riqueza de las naciones.

En tercer lugar, ¿por qué Mockus no construyó un dilema para que Peñalosa exteriorizara su contextura ética en temas como la entrega de lo público al gran capital, o en la defensa de una sociedad que como parte de su esencia produce pobreza y desigualdad, o de una concepción de la política social que busca la mitigación de la pobreza para garantizar la continuidad de los procesos de concentración de los activos y del drenaje de la acumulación nacional de capital hacia las multinacionales? Hay algo, por lo menos, sospechoso en Mockus al posar de neutral sin serlo.

El tema de la ética es bienvenido. Lo que uno esperaría de alguien de la talla de Mockus, a parte de ser justo al plantearlo, es que evitara poner a prueba el juicio ético por medio de escenarios abstractos. Esa forma de evaluar la ética conduce: o a una respuesta de reina de belleza, es decir: a responder lo que la gente quiere oir; o a una elaboración sistemática propia de ámbitos de reflexión, ajenos totalmente a los inmediatez de los medios de comunicación (más en el caso de los medios colombianos: banales, venales y estupefacientes), y más en espacios como el aludido.

Por otra parte, las preguntas éticas más trascendentales y que requieren verdadero valor civil, valentía, son las que hacen referencia a la naturaleza de la sociedad en la que se ejerce el juicio ético: a su composición, a la lógica por medio de la cual distribuye los activos y las oportunidades. La evasión sistemática de ese tipo de problemas es una de las muestras de la bancarrota del pensamiento de una generación de académicos que se deslizó, de manera vergonzante, hacia la defensa del statu quo, por entre las ramas de teorías barrocas, sofisticadas en la forma pero estériles a la hora de explicar la dinámica de la sociedad. El nivel de abstracción al que se construye el dilema ético también es resultado de un dilema ético mal resuelto.

La intervención de Mockus, la oportunidad y el objetivo de la misma tuvo como segunda intención cambiar en la opinión pública el orden de prioridad de los problemas que debe resolver la sociedad colombiana, y en ese sentido representa un retroceso con respecto a lo que el país ha ganado en los últimos cuatro años.

Hay varias disyuntivas para una sociedad como la nuestra. La principal es la disyuntiva entre el statu quo de pobreza y desigualdad, y la construcción de una nación soberana que estimule y proteja el trabajo y la producción nacionales. La respuesta de Mockus a ese dilema es infinitamente más lamentable que la que dio Samuel Moreno. Más lamentable porque no fue al calor del momento y porque viene de un académico que tiene los medios para saber qué partido tomar, y tomó el menos ético de todos: servirle a un régimen oligárquico a presentarse como inevitable y como un mal menor.

octubre 02, 2007

¡Mantener la unidad de los demócratas que trabajan por la igualdad social!

La contradicción principal en la política nacional es entre quienes queremos una sociedad más igualitaria y quienes defienden, sabiéndolo o no, los privilegios y el estancamiento en el desarrollo del país. El tema de si la meta de la transformación social se puede lograr llegando a un acuerdo con el capital oligopólico, nacional y transnacional, como parecen creer los socialdemócratas, o si requiere someter ese capital para fundar una sociedad por y para el trabajo nacional, es una discusión para otro momento.

Ya llegará la hora en que cada uno tenga que aclarar qué tan lejos cree que deben llegar los cambios sociales que necesita el país, y el momento en que termine de dilucidarse el significado real, para la historia de Colombia, de los dirigentes actuales.

Siguiendo con la analogía del bus, lo primero que hay que decir es que tal vez no hay tal bus: dudo mucho que el PDA vaya a ganar unas elecciones presidenciales en Colombia o que las administraciones locales en manos del Polo sean modelo de gestión pública o hayan representado un aprendizaje social de gran trascendencia. En segundo lugar, en la medida en que hay bus, creo que no le pertenece a nadie en particular. Tal vez el mensaje velado de mis últimos blogs es que quienes se reclaman dueños de los logros del Polo están confundidos. Una parte de esos logros se debe, ciertamente, a una actitud de apertura política sin precedentes de la mayoría de los partidos de izquierda. A pesar de que no nay una gran brillantez o coherencia ni en el discurso ni en las actuaciones, el acuerdo para adelantar una acción colectiva contra el régimen es suficiente...es mucho. Lo celebro.

Sin embargo, creo que nadie se atrevería a dudar que parte considerable de los logros del Polo se le debe a Uribe: la unidad y la fuerza del Polo emanan de la figura del Presidente, no sólo porque él desató un fantasma que asustó a medio país, sino porque Uribe eximió al Polo de comprometerse ante el país con cambios concretos y, por tanto, lo ha eximido de adelantar a fondo la discusión interna que apenas se insinuó en estos días. Con oponerse a Uribe y a sus políticas ha sido suficiente hasta ahora.

Ojalá el Polo pudiera hablar con claridad y conservar la unidad, pero no creo que eso sea posible. Muy probablemente el aviso (la marca registrada) del partido amarillo quedará en manos de uno de los siguientes actores o de una combinación de ellos: la verdadera izquierda (PC, Moir, PTC y otros); los socialdemócratas, que agruparán, tarde o temprano, al serpo-samperismo, a Dusan, a Maria Ema, a Lucho; el M-19, que formará una coalición con movimientos flotantes del tipo Mockus, Fajardo y similares, si Uribe no coopta primero a estos últimos. Futurología: algo de verdad, algo de fantasía. Veremos.

Lo emocionante de esta época es que los ropajes y los símbolos cambian rápidamente de significado. Hay que estudiar en forma sistemática la realidad colombiana y mundial, desde diversas disciplinas, si uno no quiere ver como su pensamiento pasa rápidamente de significar uno cosa a significar su opuesto.

Con respecto a tu pregunta acerca de si estoy del lado de los oportunistas que quieren una entrada ventajosa en el establecimiento o de quienes quiren su derrumbe, creo que tu conoces mi caso: por decisión propia y enteramente libre renuncié a las posibilidades ciertas de una carrera al servicio del establecimiento. Intuyo que la pregunta te sale de lo más profundo, pero es fácil de responder: estoy con quienes creen que la concidición de la transformación del país pasará por desenmacarar, en el momento oportuno, a los impostores. En ese bus sí me gustaría montarme.

Por el momento, el trasmilenio de la izquierda tiene varios vagones y ciertamente al que memos me interesaría subirme es al de lo que Carlos Gaviria llama la izquierda vergonzante.

Carta de un lector: subirse al bus

Uno de los innumerables lectores de este blog () se ha atrevido a escribir un comentario que considero pertinente publicar, con su autorización:

"Hay varias consideraciones que deben hacerse en cuanto al tema del Polo Democrático:

1. Cuando el opositor de derecha es suficientemente fuerte, es obligación de las distintas izquierdas el mantenerse unidas...así sea a regañadientes.

2. Cuando el bus en el que te montaste comienza a tomar una fuerza progresiva, es apenas natural que varios quieran disputarte su manejo... así tengan que permanecer unidos a regañadientes.

3. Uno viaja con muchos en un bus, sobretodo cuando el bus está marchando bien, pero es inevitable que tarde o temprano uno termine distanciándose de los otros, así tenga que viajar con ellos...a regañadientes.

El Polo terminará dividiéndose tarde o temprano, pues en el bus están los que quieren hacer la transición al establecimiento, pero también están quienes quiren acabar con él. Y túu de qué lado estas?

Un abrazo de tu amigo que, por ahora, no monta en bus.

Wilson Acosta Valdeleón Sociedad Educadora Ltda

septiembre 24, 2007

Los socialdemócratas

En una entrevista concedida a Yamid Amat, Carlos Gaviria dio parte de unidad del Polo Democrático y reconoció que en el partido existen dos tendencias. Quiero resaltar dos apartes de la entrevista por su claridad:

"Hay que asumir posiciones sin sectarismo, pero sin ambigüedades. Aquí cabe todo el mundo pero siempre que compartan nuestros propósitos".

¿Propósitos que son de izquierda o de centro izquierda?

"Nuestro partido es de izquierda. Mucha gente pregunta por qué no decimos de 'centro izquierda', y respondo: porque yo no sé muy bien qué es el centro. Creo que en el país hay dos propuestas: una de derecha, que tiende a apuntalar, a reforzar, a consolidar un status inequitativo, y otra de izquierda, de quienes queremos cambiar ese estado de cosas. ¿Por qué llamar a eso de 'centro izquierda'? En este caso, el centro es una especie de coqueteo vergonzante con la derecha. Yo, que toda mi vida he estado haciendo pedagogía, tengo mucho interés en que en el país el término 'izquierda' se asimile sin temor, sin satanizar esa posición. No hablo de una izquierda armada, sino de una izquierda democrática, donde nos proponemos realizar reformas sustanciales en la sociedad colombiana por la vía electoral".

Tiene razón Gaviria. Dirigentes como Lucho Garzón, Jaime Dusan y Gustavo Petro, los socialdemócratas, deben el actual lugar que ocupan en el espectro político, casi exclusivamente, a que fueron identificados por la gente como lideres de un proyecto político de transformación social.

Sin embargo, algunos de ellos parecen pedir a cada paso un certificado de buena conducta a la oligarquía, tratan de parecer inofensivos, conciliadores. Nunca le he escuchado a ninguno de ellos un intento de explicar cuál es su diferencia de fondo con la verdadera izquierda, y en qué medida, a pesar de esa diferencia, su proyecto seguiría teniendo sentido y, por tanto, ellos siguirían mereciendo que la gente les reconozca valor como dirigentes.

Petro se manifestó, por ejemplo, en contra del centralismo democrático, un principio que garantiza que una organización toma decisiones a partir de la discusión racional y dirime sus diferencias discursivamente, para actuar colectivamente en forma eficaz. Al formular su crítica, Petro dio a entender que lo democrático era que cada dirigente pudiera salir en público a defender posiciones contrarias a las acordadas democráticamente con sus compañeros; según él, lo democrático sería mantener proyectos personalistas basados en la amenaza permanente a la organización de que si no hace lo que él quiere, se retirará. Una cosa es que un partido se transforme de fondo en algo que ya uno no quiere y uno se retire, y otra es chantajearlo a cada paso, ocultado en las diferencias de forma, una contradicción de fondo: la ilusión de todos los socialdemácratas desde comienzos del siglo XX: cambiar la forma sin tocar el fondo de la sociedad, lo cual los hace digeribles para los privilegiados y peligrosos para el pueblo, por la confusión que le crean.

Socialdemócratas son Serpa y Samper, ¿qué tan cerca de ellos están Dusan, Petro y Garzón?

septiembre 03, 2007

A pesar de todo, hay que votar por el Polo

El renacer de la izquierda fue, sobre todo, producto de una reacción de la sociedad colombiana contra la horrible perspectiva de un régimen estrecho y antidemocrático como el de Uribe, y no tanto resultado de la madurez de una organización y de un discurso nuevo de la izquierda. Los dirigentes del Polo recibieron sobre sus hombros la responsabilidad de encausar constructivamente la incipiente respuesta de los sectores más avanzados de la sociedad contra el régimen imperante.

Sin embargo, en el caso de Bogotá, no han sido pocos ni de poca monta los errores de fondo cometidos por la administración de Lucho Garzón y que parecen estar alcanzando dimensiones de catástrofe en la campaña electoral.


1. Clientelismo de izquierda. Utilizar las decisiones del Estado para generar una cadena de favores y de lealtades es caer en uno de los peores vicios en que ha incurrido el estado oligárquico desde su nacimiento. Aquí cabe recordar a Francisco Mosquera, a Jaime Pardo Leal y a otros grandes lideres de la izquierda, ya desaparecidos (y cuya ausencia se siente hondamente), que defendieron la idea de que la transformación profunda de la sociedad no puede hacerse recurriendo a las peores manifestaciones de descomposición de dicha sociedad; la idea de que son los sectores de esta que han interiorizado en sus modos de vida los valores de una nueva organización social los que pueden señalar el camino y ganarse la confianza de todos aquellos que tienen contradicciones con el sistema. El Polo tiene que preguntarse si ha logrado ganarse esa confianza.


2. Desdén hacia la buena administración. Es innegable que la buena administración no fue una prioridad para Garzón y su gente: hubo retroceso en temas como el transporte masivo y la movilidad; empresas como Transmilenio y la ETB generaron malestar por la disminución de la calidad de sus servicios; el pobre desempeño de varias alcaldías locales; el desmonte del sistema de gestión de los colegios distritales sin disponer ni de un discurso ni de modelo alternativo medianamente coherente, entre otros problemas. Este fenómeno tiene que ver con un inmenso vacío no sólo en el proyecto de la izquierda sino del movimiento socialista: La falta de una comprensión crítica de los conceptos de eficiencia y organización. El propio Marx valoró, como un legado positivo del sistema capitalista, los avances en materia de organización y de eficiencia en el uso de los recursos en el nivel micro.

El colapso de la Unión Soviética también debería hacer pensar en el tema: una nueva forma de organización de la sociedad como el socialismo aparece en el horizonte como una trayectoria más o menos inevitable, no tanto porque sea más justa, sino porque es más eficiente y, sin embargo, la URSS se hundió, entre otras razones, por ser un sistema ineficiente. Para que el socialismo se convierta en una opción creíble, no sólo debe demostrar que es un sistema más justo, sino que puede resolver en forma más eficiente los problemas y las necesidades fundamentales de la sociedad. Y eso implica tomar en serio la incorporación del problema de la eficiencia y el de la organización en sus proyectos concretos de ejercicio del poder.


3. Acuerdos de mediocridad en lugar de liderazgo retador. El ejemplo de las relaciones entre la administración de Luis Eduardo Garzón y el magisterio es muy aleccionador. Si bien es cierto que se requería superar un modelo autoritario y simplista de manejo de la educación y de las relaciones profesionales con los maestros, que venía de las administraciones anteriores, también los es que no fue sustituido por uno que promoviera el compromiso político con la transformación de la sociedad colombiana y lo articulara a una concepción renovada del desarrollo profesional. Por el contrario, se jugó la carta del halago y de la demagogia, y se creó la expectativa, dañina en cualquier sistema social, de que la suerte del profesional no tenía que ver con los resultados de su desempeño. La consecuencia ha sido que en lugar de estar en curso un movimiento incontenible de renovación en las prácticas de la profesión y en el papel político del magisterio, muchos maestros simplemente bajaron la guardia tanto en la una como en lo otro.


4. No hay mensaje. ¿Cuál es el mensaje de la campaña del Polo? Más allá de acusaciones salidas de tono contra el candidato de Uribe, la campaña del Polo no ha dicho con claridad por qué hay que votar por Samuel Moreno. Tanto Moreno como los directivos de la campaña deben comprender lo que implica la dignidad de representar a los sectores progresistas de la sociedad colombiana y dejar de ver las elecciones a la Alcaldía de Bogotá como un asunto coyuntural. Eso significa dar un mensaje que oriente a la opinión pública sobre la verdadera causa de los problemas de la ciudad y sobre lo que diferencia al Polo de las opciones de la oligarquía. Los dirigentes del Polo deben reconocer públicamente los errores cometidos y decir cómo se corregirán; deben mostrar su disposición al aprendizaje y al mejoramiento continuo y asumir un compromiso claro sobre los aspectos concretos en los cuales la ciudad avanzaría bajo una administración de inspiración socialista.


Varios de estos problemas se deben a la cercanía exagerada del Polo con los rebeldes de turno del partido liberal y al papel protagónico que han jugado dentro del PDA exmilitantes de izquierda en trance de obtener un cupo en el partido de César Gaviria.


Dado el momento político que vive el país, la segunda alcaldía de Peñalosa representaría menos la continuidad de la modernización de la ciudad y más la consolidación de sectores reaccionarios que defienden los privilegios y la concentración de la riqueza. En Bogotá, apoyar al Polo Democrático Alternativo significa rechazar a Uribe, al paramilitarismo, al TLC y la falacia del discurso de Peñalosa, un lobo con piel de oveja, que plantea que una ciudad para el gran capital es una ciudad con mayor bienestar y equidad. Por eso, a pesar de las preocupantes incógnitas que suscita su campaña, creo que hay que votar por el Polo. Ojalá este corrija su rumbo y no se quede con el pecado y sin el género.

julio 11, 2007

Mis escritorios KDE-Beryl en Debian






julio 09, 2007

Nos hemos vuelto más “maduros”

En medio de la oleada propagandística contra el comunismo, con el telón de fondo de la desaparición de la Unión Soviética y de unas condiciones desfavorables a la lucha popular, muchos intelectuales y profesionales de avanzada se alejaron de las organizaciones que luchaban por un cambio social radical y del pensamiento político y social que sustentaba ese cambio.

Ese proceso se vivió como la superación de una visión ingenua e infantil de la sociedad; superación de la normal inmadurez de unas juventudes rebeldes y desadaptadas. Ese cambio también se desarrolló en el ámbito académico como el paso del fundamentalismo a un pensamiento abierto.

Los propios dirigentes de la izquierda contribuyeron a su debilitamiento
, no sólo desde el punto de vista organizacional sino desde el intelectual. Aún hay secuelas de ello. Por ejemplo, la proliferación de marxistas doctrinarios, consecuencia de la disminución en el nivel académico de las nuevas generaciones de militantes y, sobre todo, de la falta de un cultivo real del tipo de pensamiento crítico que le dio a Marx el significado histórico que tiene. Un producto de ello es, por ejemplo, el pobre discurso relativo a la reforma educativa, especialmente universitaria, que revela como aún no se ha reconstruido una posición crítica y revolucionaria que sirva de base para formar una nueva generación de líderes. A pesar de ello, los militantes de la izquierda están del lado correcto, así no siempre estén en lo correcto.

Pero, con respecto a la otra orilla, la supuesta madurez académica y filosófica que los condujo a abandonar la lucha por la transformación real de la sociedad derivó en algo cuya justificación nos quedaremos esperando, una verdadera paradoja: dos generaciones de académicos y profesionales, hoy en el poder o en posiciones de protagonismo en el sector privado y en la academia, ”maduraron”, es decir: aprendieron vivir sin el más mínimo sentimiento de culpa en una sociedad con el 60% de pobreza y con altos índices de desigualdad. El rodeo es como para que a uno le dé vértigo: en nombre de un pragmatismo más parecido a oportunismo intelectual, pasaron de la crítica al fundamentalismo y de la satisfacción por la simbólica caída del muro de Berlín a la "neutralidad" con respecto a un régimen basado en la desigualdad, la pobreza y la corrupción. A no ser que llamen compromiso social a refugirse en el virtuosismo profesional o a participar en proyectos reformistas de derecha estilo Mockus.


Como la consistencia es un imperativo difícil de eludir: estaremos atentos a la manera como esas generaciones salen del embrollo en el que están, o las veremos pasar sin pena ni gloria, eso sí, disimuladas entre los fuegos artificiales que ellas mismas se han encendido.

julio 04, 2007

Una pregunta y una sospecha

A propósito de los trágicos acontecimientos de los últimos días, tan sólo una pregunta:

¿De qué lado están las FARC?

En medio de la peor racha del Presidente; cuando nada le estaba saliendo bien, cuando había empezado a aclararse el meollo del proceso político colombiano, marcado por el paramilitarismo, vienen las FARC, como siempre, como el león sordo, a servirle en bandeja de plata a los representantes de la oligarquía, de la iglesia católica y del gobierno la oportunidad de retomar el control de la agenda de la opinión pública y de confundir al ya de por sí desorientado ciudadano del común.

Uno de los mejores historiadores que ha tenido el país me dijo una vez: en política los extremos se necesitan mutuamente. En la medida en que aquel que he declarado como la amenza principal parezca más indomable y más agresivo, más razón de ser tendré yo, sobre todo si he logrado venderme como el implacable e intransigente pacificador: en la medida en que las FARC sean más agresivas, más persistentes e incompresibles, más justificación, legitimidad y fuerza parecerá tener el proyecto dictatorial del finquero paisa.

Así como el imperialismo necesitaba un Bin Laden y unas torres gemelas, Uribe necesitaba ...

Dicho sea de paso, a pesar de mi simpatía y lealtad al Polo Democrático, no me gustó la parquedad de sus declaraciones (ver) sobre el asesinato de los diputados. Es cierto que hay muchas cosas por aclarar, pero el Polo tiene toda la autoridad moral para condenar las acciones absurdas de las FARC.

junio 06, 2007

Carambola a tres bandas

Mi anterior análisis sobre el aparente y repentino giro en la política de seguridad democrática de Uribe, fue un poco simplista en algunos puntos, pero en particular en uno: presentar al Presidente como un hombre asustadizo, interesado simplemente en tapar su yerros. No; así no es el Presidente. Sacar la carta del intercambio humanitario, en un momento en que estaba contra las cuerdas, fue una jugada muy inteligente; una movida que le dio un vuelco completo al escenario político nacional y en parte a las relaciones internacionales del gobierno. Fue una carambola a tres bandas.

Para un presidente la política es el arte de fabricar escenarios de juego con sus adversarios; es
cenarios en los que es a la vez guionista y actor. A veces cuando el juego se pone muy maluco, y empieza a hacerse evidente que él es el villano, no tiene más remedio que diseñar un nuevo escenario.

Lo primero que hay que hacer para transformar un escenario es cambiar de tema: No es la parapolítica; es el secuestro, son las Farc. Y bien, el movimiento puede adobarse con salidas teatrales, como la repetida alusión al niñito de tres años que nació en las montañas y no ha conocido la libertad (a propósito, confieso que estoy un poco desactualizado en materia de psicología, pero ¿qué es lo que ocurre a los 3 años de edad en la vida de un niño que sea más importante que, digamos, lo que ocurrió a los 2 años, al año de nacido, ... y que lo convierte en una razón de Estado para cambiar una política mantenida en forma estricta durante 5 años?).

El caso es que es un buen tema. El secuestro es realmente un problema que debe superar el país y además es un tema que vende: la jauría de periodistas que sale a urgar en las lágrimas de la madre, de la abuela, de la esposa, del hijo del secuestrado, comienza a llenar noticieros y páginas de periódico. Y no es que no sea una tragedia real y no es que no merezca atención, pero es un tema que se activa a voluntad para cambiar el foco del escenario político en el momento oportuno.

Lo segundo es cambiar el semblante de los personajes principales: de un hombre acorralado,
en cuestión de uno o dos días, Uribe volvió a aparecer como el impasible y austero, algo seco, pero bien intencionado hombre que es víctima de toda clase de injusticias; un hombre con un gran corazón que se preocupa por los secuestrados (colombianos y norteamericanos) y sus familias, y que invoca permanentemente al altísimo para que lo ilumine y no lo deje equivocarse: cómo un hombre tan santo podría haber estado siquiera a kilómetros de los círculos de influencia de los paras.

Por eso el señor Presidente insistió una y otra vez en que él no hacía cálculos políticos. Es un hombre transparente, de buen corazón que nunca actúa con cálculo ni segundas intenciones ... Además sus invocaciones al altísimo (notar la frecuencia del "
¡Bendito sea mi dios!") le garantizan mantener el amor incondicional de un buen sector, sobre todo de señoras mayores de 30.

Lo tercero es introducir nuevos personajes. Granda, el presidente de Francia, ... varios obispos, así como familiares de secuestrados.

Una buena obra de teatro es un rodeo por mundos de la imaginación para volver a la realidad y entenderla y vivirla en forma más humana. En esto, el teatro de la política burguesa difiere del literario: en aquel se trata de que la gente no regrese desde la imagen distorsionada, sino que viva en ella, mientras se concibe y se pone en escena una nueva ilusión.

Para no alargar el cuento, la cuestión principal no es si Uribe tiene y tuvo vínculos con los caciques paras, cuestión que pasó a primer plano con los aparentes intentos del Presiente de taparle la boca a Mancuso; la cuestión política de fondo es cuál es el objetivo estratégico que Uribe quiere sacar adelante. Para mí, ese objetivo es legitimar y mantener el poder real de los paramilitares, mientras da la apariencia de estarlos sometiendo a la ley y al control del Estado. Ellos son una parte esencial no sólo de la suerte futura de la corriente política que se agrupó bajó su sombra, sino de toda una visión feudal del estado y de la sociedad colombiana: con el dominio incuestionable de unos pocos grandes señores de la tierra, la industria y la banca, dispuestos a recurrir a cualquier medio que sea necesario para ocultar la naturaleza del régimen que mantiene sus privilegios y para eliminar o neutralizar cualquier amenaza al mismo.

El giro teatral de los últimos días, protagonizado y dirigido por Uribe, sin ironía, amerita un Oscar: ¡así se hace política
!

junio 05, 2007

Por enésima vez: la teoría del capital humano es puro cuento

Esta discusión entre economistas en Estados Unidos puede ser de interés para el caso colombiano. Agrega más evidencia en contra de la teoría del capital humano, ideología promovida por el Banco Mundial, y que simplificó durante mucho tiempo tanto la formulación de la política educativa como la explicación del mercado laboral. Algunos apartes:

"Work-force skills can spur productivity growth which, in turn, increases national wealth, but skills cannot determine how that wealth is distributed".


"Las habilidades del la fuerza de trabajo pueden estimular el crecimiento de la productividad, lo que, a su vez, puede incrementar la riqueza nacional, pero las habilidades no pueden determinar cómo se distribuye esa riqueza".

"[...] Work force skills are not being rewarded partly because the fruits of productivity growth have been redistributed from wages to profits. [...] No amount of school reform can undo regulatory and labor market policies that redirect wealth generated by skilled workers to profits and executive bonuses".

"Las habilidades de la fuerza de trabajo no son recompensadas en parte porque los frutos del crecimiento de la productividad han sido redistribuidos de las salarios a los beneficios [..] ninguna reforma educativa puede neutralizar regulaciones y políticas de mercado laboral que reasigna la riqueza generada por trabajadores calificados hacia las ganancias de las empresas y los bonos de los ejecutivos".

"if we want to recruit and retain better teachers, we must pay them more".

"Si queremos reclutar y retener mejores docentes, debemos pagarles más".

Y concluye que los sistemas educativos deben resistir la tendencia socialmente destructiva a erosionar la seguridad social, pues ello dificultará atraer y retener docentes de alta calidad.

Es la inconsistencia que siempre han tenido las políticas neoliberales en relación con la educación: se supone que lo que hace que la educación "agregue valor"
es la calidad, y esa calidad desvirtuaría, según los supuestos neoclásicos o neoinstitucionales, estructuras sociales desequilibradas y generaría igualdad y movilidad, (o en otras palabras, resolvería los problemas que genera el capitalismo sin cambiar su lógica y la distribución de los activos). Pero siempre proponen que el salario de los docentes se reduzca, que la seguridad social de los docentes se desmonte y plantean relaciones profesionales entre estado y docentes según un modelo capataz - jornalero, como ha sucedido sobre todo desde comienzos de los años de 1990 hasta ahora. Lo que muestra que esas teorías de la burguesía en lugar de ser explicaciones son justificaciones para políticas que buscan mantener el orden social existente.


Tomado de: Response to Marc Tucker de Lawrence Mishel and Richard Rothstein

mayo 25, 2007

Y eso que Mancuso sólo estaba aclarando la voz para empezar a cantar

Muy eficaz la estrategia de Mancuso. En el pulso con Uribe sólo le bastó hacer insinuaciones sobre dos de los escuderos del presidente, estratégicos porque representan el apoyo de la oligarquía bogotana, los Santos, para que el presidente tuviera que salir a jugarse el todo por el todo, preparando el país para la más descarada de las opciones: liberar a los cabecillas del paramilitarismo.

Después de 5 años de rechazar rotundamente la posibilidad del intercambio humanitario, de buenas a primeras, precisamente ahora, pocos días después de que Mancuso comenzara a hablar, se anuncia una posible salida masiva de guerrilleros presos. Y no es que no deba haber intercambio humanitario; lo sospechoso es el momento en que el gobierno da este giro: la oportunidad en que se hacen las cosas delata la razón por la que se hacen.

¿Por qué había que contentar al poderoso barón? ¿Qué es lo que no se podía dejar que Mancuso dijera?

Tenemos derecho a saber qué tan profundamente estuvo involucrado todo un sector de la oligarquía colombiana en el proyecto paramilitar; hasta qué punto, en esta ocasión, como en otras durante el siglo XX, no tuvieron el menor pudor de recurrir a métodos ilegales para eliminar las amenazas a la seguridad del régimen. Hasta qué punto alentaron y apoyaron a bandas de asesinos organizadas por terratenientes, a que avanzaran en el dominio territorial de importantes zonas, otorgándoles licencia para que, so pretexto de expulsar a la guerrilla o impedirle el acceso, asesinaran campesinos, los expropiaran y montaran un estado paralelo.

Los escenarios internacionales cambiaron y, de acuerdo con la lógica de los balances de poder aprendida de los gringos, había llegado la hora de desactivar un mecanismo que aunque le mostró al régimen su utilidad comenzaba a salirse de control e iba a seguir generando problemas ante la comunidad internacional. Era necesario definirle un marco más estricto -o al menos dar la apariencia de ello-, a las bandas armadas por terratenientes de diferentes orígenes (algunos de la aristocracia tradicional otros nuevos ricos venidos del narcotráfico), que habían hecho la tarea de eliminar de vastas zonas del país la amenaza de la guerrilla. ¿Cómo dar ese paso sin traicionar a un socio de tantos años? Porque como en cualquier negocio entre mafiosos, en este caso hacer conejo era inaceptable. ¿Cómo es que fuimos socios en todo este proyecto y nosotros vamos a estar en la cárcel y a recibir solos todo el descrédito?

Y, probablemente animado por los últimos acontecimientos del poligate y de congresistas ingresando a la cárcel, Mancuso aclara su voz, carraspea, para empezar a cantar; ante lo cual, nuestro altivo presidente Uribe, acosado, casi arrinconado, por sus inconfesables amigos, corre a darles lo que piden y a montar un escenario que haga ver menos evidente lo evidente, con la ayuda, claro está, del candido gobernador del Valle, Angelino Garzón, que vino a lanzarle un salvavidas al uribismo, diciendo lo que ellos no podrían decir en forma creible: que había llegado el momento de superar esos insanos sentimientos de odio y de promover la concordia, la fraternidad, la hermandad, el perdón y toda clase de sentimientos píos... siempre he desconfiado de los que responden a un problema concreto con máximas y fórmulas generales: o son idiotas o se están haciendo.

Cuando los representantes de la izquierda insisten en que se sepa toda la verdad no están promoviendo una actitud vengativa de la sociedad contra los "paras", sino señalando el único camino para que en el país no se repita la pesadilla paramilitar. Lo esencial para el país es que se sepa toda la verdad, porque esa verdad le quitaría sustento a la peligrosa intención del Presidente de cerrar a medias este capítulo de la historia nacional: haciendo que los paramilitares vuelvan a sus haciendas pronto, con todo su destructivo poder intacto, notificando a la sociedad entera que aquí no pasó nada, y que si vuelve a ser necesario recurrir a la violencia más cruel y oprobiosa para proteger los privilegios y la desigualdad, lo van a hacer. Y ese mensaje no lo estarían suscribiendo sólo los sanguinarios terratenientes organizadores de las bandas "paras", sino la más rancia y "decente" oligarquía urbana, que ahora queda inmensamente agradecida con Uribe por hacer lo imposible: neutralizar a sus incomodos socios del pasado y sacarla en limpio, a pesar de su inocultable complicidad con todas las violaciones al estado de derecho, en nombre de la lucha antiguerrillera.

La sociedad colombiana necesita la verdad, básicamente, para formular con base en ella sentencias judiciales que sean justas, es decir, que reduzcan a los paramilitares a la imposibilidad de volver a hacer lo que hicieron. Esa sería la justicia mínima; la ideal implicaría que se pagara también la inmensa deuda que tiene el régimen con todas las víctimas, tanto de los "paras" como de la guerrilla, que ha sido igualmente dañina, pero ese es un tema al que dedicaremos otra entrada de este blog.